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HARRY BRANDS, UN DURO
De pronto, sintió una fuerte
explosión frente a su rostro: era el chicle globo. Había
olvidado que lo estaba mascando. Era inútil, no podía hacer dos
cosas al mismo tiempo: no podía pensar y mascar chicle.
Y eso, el chicle, era la
única debilidad que se permitía. Es que Harri Brands es un
duro. Un arduo camino había recorrido para llegar a ese lugar.
Un camino que arrancaba desde su nacimiento acaso. Pues cuando
llegó al mundo, lo hizo aferrándose al vello púbico de su madre.
Es que Harry Brands es un
duro.
A poco de ingresar al jardín
de infantes, fué expulsado del mismo por tener relaciones
sexuales con una compañerita. Hecho que salió a la luz cuando la
niña tuvo que vender el triciclo para pagar al médico.
Es que Harry Brands es un
duro.
De niño había logrado que en
diez cuadras a la redonda no hubiera gatos, los gorriones
fueran una especie en extinción, que no existiera alumbrado
público sano y que su padre abandonara el hogar una noche a la
carrera y gritando que tenía miedo.
Es que Harry Brands es un
duro.
A pesar de todo, en su vida
nunca pisó un correcional de menores. Es mas, estos cerraron sus
puertas. Es que ninguno quería correr el riesgo de tener que
cobijarlo.
Fue por entonces que sus
amigos lo esquivaban. Y el que no lograba hacerlo recibía la
trompada en el estómago.
Para la sociedad fue un
malviviente. Algo que Harry Brands nunca comprendió: ¿Por qué lo
consideraban un malviviente si vivía muy bien? Tenía una
mansión, dinero en Suiza, dos autos, amantes y un par de
guardaespaldas.
Es que Harry Brands es un
duro.
Cierta vez, en medio de
“Little Italy”, ametralló a un mozo porque demoró en traerle la
pizza. Un secuaz le dijo en ese momento que, tal vez, -y solo
tal vez- había estado ligeramente equivocado. Harry lo pensó y
se arrepintió. Tan es así que decidió enmendar su error. Se
levantó y ametralló al maestro pizzero.
Es que Harry Brands es un
duro.
Un duro hasta el que la
misma policía teme. Fama que adquirió cuando el solo tomó por
asalto el departamento central de policia. Y todo porque no le
había gustado como salió en la foto de la cédula.
Ahora, como en miles de
ocasiones, Harry Brands estaba haciendo gala nuevamente de su
dureza. Aunque ya no se sentía tan seguro. Un mínima, ligera
sombra de temor podía atisbarse bajo su curtido rostro picado de
viruela. Es que estaba viviendo una ocasión muy particular. Algo
distinto. Si bien buscaba compararlo o encontrar un valor de
referencia, no encontraba con qué. Ya que no era lo mismo que
balear a la madre porque la comida estaba fría. Ya que no era
acomo arrojar una granada fragmentadora K-27 al paso de un
colectivo repleto de gente.
Harry Brands es un duro y se
lo repetía a si mismo para darse ánimo. Y para darse ánimo,
también acariciaba la culata de su Magnum .45 que pendía en su
sobaquera, mientras que con la mano se aferraba a la manija.
Encerrado en ese cuartucho
de la disco “Fity Four”, ligeras gotas de sudor perlaban su
frente. A pesar de su dureza, Harry Brands no podía hacer frente
a los acontecimientos. No podía dominarlos. No podía detener esa
diarrea feróz que lo tenía en cuclillas mientras los demás
bailaban, ajenos a su dolor. |