Guia de Anunciantes

Ud. es el Visitante Nº

Click for Buenos Aires, Argentina Forecast Histora de los Barrios

Correo de LectoresGotias Varias

Textos para leer y meditar

Humor en la TerrazaNaturalmente MascotasEspacio MayorLibro de Visitas

 

 

   

ENVEJECER ES OBLIGATORIO, CRECER ES OPCIONAL

El primer día de clase en la Universidad, nuestro profesor se presentó a los alumnos y nos desafió a que nos presentásemos a alguien que no conociésemos todavía.

Me quedé de pie para mirar alrededor cuando una mano suave tocó mi hombro.

Miré para atrás y vi una pequeña señora, viejita y arrugada, sonriéndome radiante, con una sonrisa que iluminaba todo su ser.

Dijo: - "Eh, muchacho... Mi nombre es Rosa. Tengo ochenta y siete años de edad. ¿Puedo darte un abrazo?"...

Me reí y respondí: - "¡Claro que puede!".

Y ella me dio un gigantesco apretón.

"¿Por qué está Ud. en la facultad en tan tierna e inocente edad?", pregunté.

Respondió juguetona: - "Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme, tener un montón de hijos y entonces jubilarme y viajar".

"Está bromeando", le dije. Yo estaba curioso por saber qué la había motivado a entrar en este desafío con su edad; y ella dijo: "Siempre soñé con tener estudios universitarios, ¡y ahora estoy teniendo uno!".

Después de clase caminamos hasta el edificio de la unión de estudiantes, y compartimos una chocolatada.

Nos hicimos amigos instantáneamente. Todos los días en los siguientes tres meses teníamos clase juntos y hablábamos sin parar. Yo quedaba siempre extasiado oyendo a aquella "máquina del tiempo" compartir su experiencia y sabiduría conmigo.

En el curso de un año, Rosa se volvió un ícono en el campus universitario y hacía amigos fácilmente dondequiera que iba.

Adoraba vestirse bien, y se reflejaba en la atención que le daban los otros estudiantes. Estaba disfrutando la vida...

Al fin del semestre invitamos a Rosa a hablar en nuestro banquete del equipo de fútbol. Fue presentada y se aproximó al podio. Cuando comenzó a leer su charla preparada, dejó caer tres de las cinco hojas al suelo.

Frustrada, tomó el micrófono y dijo simplemente:

"Discúlpenme, ¡estoy tan nerviosa! ... Nunca conseguiré colocar mis papeles en orden de nuevo, así que déjenme hablar a Uds. sobre aquello que sé".

Mientras reíamos, ella despejó su garganta y comenzó: "No dejamos de jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar".

Existen solamente tres secretos para que continuemos jóvenes, felices y obteniendo éxito:

- Se necesita reír y encontrar humor en cada día.

- Se necesita tener un sueño, pues cuando éstos se pierden, uno muere... ¡Hay tantas personas caminando por ahí que están muertas y ni siquiera lo sospechan!.

- Se necesita conocer la diferencia entre envejecer y crecer... Si usted tiene diecinueve años de edad y se queda tirado en la cama por un año entero sin hacer nada productivo, terminará con veinte años... Si yo tengo ochenta y siete años y me quedo en la cama por un año y no hago cosa alguna, quedaré con ochenta y ocho años... Cualquiera consigue quedar más viejo. Eso no exige talento ni habilidad.

La idea es crecer a través de la vida y encontrar siempre oportunidad en la novedad. Los viejos generalmente no se arrepienten por aquello que hicieron, sino por aquellas cosas que dejaron de hacer.

Las únicas personas que tienen miedo de la muerte son aquellas que tienen remordimientos.

Al fin de ese año, Rosa terminó el último año de la facultad que comenzó tantos años atrás. Una semana después de recibirse, Rosa murió tranquilamente durante el sueño.

Más de dos mil alumnos de la facultad fuimos a su funeral en tributo a la maravillosa mujer que enseñó, a través del ejemplo, que "nunca es demasiado tarde para ser todo aquello que uno puede probablemente ser".

Estas palabras han sido divulgadas por amor, y en memoria de Rosa:

"ENVEJECER ES OBLIGATORIO, CRECER ES OPCIONAL"

Si alguna vez no te dan la sonrisa esperada, sé generoso y da la tuya, porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa, como aquel que no sabe sonreír a los demás.

A LOS NIETOS

Cuando veas que camino con dificultad por mis años, no te asombres ni te burles, recuerda cuando te ayudaba a dar los primeros pasos en tu vida.
Si ves que al comer caen manchas sobre el mantel o mi ropa, no te asombres ni te burles, recuerda cuando te ponía el babero para que no mancharas tu ropita.
Cuando oigas que repito las mismas historias y cuentos que has oído muchas veces, no te burles ni te asombres, piensa cuando me hacías repetir el cuento de la "caperucita" que tanto gustabas oír cada noche para quedarte dormido.
Y cuando me veas enfermo o desvalido, no te asombres, ayúdame con lo que puedas, como lo hice cuando tenías fiebre o te sentías mal.

 

 

 


Copyright©2001 - 2004 Claramente® - Buenos Aires - Argentina - claramente@claramente.com.ar
Reservados todos los derechos - Última actualización; Lunes, 08 de Marzo de 2004

Clara Mente es integrante del Registro de Medios Vecinales de Comunicación de la Ciudad de Buenos Aires.

Optimizado para visualizar en 800x600
en Internet Explorer 5.0 ó superiores