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PRESENTACIÓN DE UN LIBRO
-Señoras, señores. Es con infinito placer que me
dirijo a ustedes para hacer una breve, elogiosa reseña sobre el
autor del libro que presentamos esta noche. Arístides Ezequiel
Nervúmenes vió la luz un 12 de abril de 1954, cuando contaba con
12 años de edad. Hasta entonces, vivía con su familia en un
lejano puesto de la estancia “El ombú triste” adonde no llegaba
la luz eléctrica. Ya de niño tuvo inclinación por la literatura.
Como vendía diarios y le pesaban, debía inclinarse para mantener
el equlibrio.
Mas aún, pocos saben que Nervúmenes mama de la
literatura desde bebé. Su madre, de escasos recursos, había
confeccionado una precaria mamadera con un vespertino de la
época.
En la escuela primaria, inmediatamente tomó
confianza con el abecedario: lo tuteó de entrada. Lo cual le
hizo ganar la admiración de la maestra y el respeto de los demás
niñoas de la clase, quienes al grito de “traga, traga”, lo
saludaban al ingreso del aula.
Arístides Ezequiel Nervúmenes compone su primera
obra literaria a la temprana edad de 10 años. Un breve y sentido
graffiti en la pared del baño de la escuela sobre la virilidad
del director de la misma que le valió el reconocimiento de sus
compañeros. Fueron ellos quienes lo reconocieron como el autor
del escrito ante el director en cuestión.
El hecho de ser expulsado de la escuela no
dificultó su desarrollo: siguió creciendo. Y era un incipiente
adolescente cuando ingresa a un taller literario. Un lugar
donde reparaban libros. Es ahí, entre cartulinas y colas, que se
pega a la literatura universal. Durante mucho tiempo tuvo el
“Hamlet” de Shakespeare fijado con un pegamento a su mano. Hasta
que por último, lograron despegárselo aunque, lamentablemente,
en la operación perdió el dedo menor de su mano derecha. Con lo
cual, nunca más pudo pulsar los acentos en su máquina de
escribir.
Por supuesto, no podía faltar una incursión en el
periodismo de este prosista que nos ocupa. Arìstidez Ezequiel
Nervúmenes fatigó redacciones. Sus compañeros, fatigados,
cansados; no veían la hora que se fuera. Con todo, aún hoy él
recuerda con ternura su primer escrito ubicado en forma
destacada arriba de todo. Decía: “Buenos Aires, Miercoles 16 de
agosto de 1964, página 3”.
A los 20 años participa en un concurso literario
organizado por la Editorial Colofón y obtiene un brillante
primer premio. Si bien durante largo tiempo se cuestionó el
parecido de su obra con “Adios a las armas” de Ernest Hemingway.
Incluso el título guarda una sospechosa semejanza: el de
Nervúmenes se llama “Armas, adiós”. Con todo, el gran salto
estaba dado. Ahora dejaba de comer salteado.
Por eso esta noche, amigos míos, una hermosa
alegría me envuelve. Se trata de un poncho que me regalaron y
que, por la sensación que me produjo al recibirlo, llamé
“Alegría”. Y es con él envolviéndome que presento un nuevo libro
de Arístides Ezequiel Nervúmenes que gana la calle. Gana la
calle de la cual se nutre, pues su obra es un fiel reflejo de
esta ciudad. Ciudad cálida y acogedora, pero por momentos
desconocida, ajena. En esta obre, Nervúmenes deja caer el peso
de su pluma férrea, directa; despojada de preciosismos.
Con un lenguaje sencillo, comprensible;
Nervúmenes lleva al lector con seguridad. No se distrae por
meandros literarios. Es -si se me permite- una obra acaso
imprescindible.
Y donde tiene momentos de honda repercusión
social y profunda actualidad, sobre todo cuando se refiere al
cruce de Estado de Israel con República de Palestina. O de
incomparable belleza, cuando se refiere a los bosques de
Palermo.
De allí que
presentemos con orgullo esta “Guía de la Ciudad de Buenos Aires
y alrededores. Subtes, calles y colectivos” de Arístides
Ezequiel Nervúmenes. |