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HISTORIA DEL
DEDAL
La historia de este diminuto utensilio es muy
antigua; en las tumbas de los faraones se hallaron pequeños dedales de cuero
utilizados por las reinas egipcias, muy hábiles en el arte de cocer y
de bordar. 
En China, las damas de la más alta sociedad usan
dedales de gran valor. A veces son hechas de perla, especialmente trabajadas
y adornados con oro cincelado. Durante la Edad Media, las damas aguardaban
bordando, el retorno de los caballeros ausentes, que participaron de las
Cruzadas; a beses, un músico distraía las largas horas de espera.
Lo que no podemos contestar con
precisión es donde, cuando o quien inventó el dedal. Solo podemos afirmar que se
trata de un invento muy antiguo y que el primer dedal fue una especie de un
anillo ancho, rugosa en su cara externa para impedir el resbalamiento de la
aguja.
En todos los países de Europa y América los
dedales son objetos de escaso valor, no así en China, pues no es raro aún hoy
día ver dedales chinos adornados con perlas y oro o cincelados
como alhajas preciosas y presentados en estuches de nácar juntamente con agujas
igualmente valiosas.
Hay dedales hallados en el norte de Rusia, en
Italia y en Francia, hechos con huesos, bronce o marfil, de forma muy semejante
a los modernos.
Durante la mitad del siglo XVII, los jóvenes de
la nobleza, ofrecían a sus novias dedales artísticos de oro o plata.
El dedal para hombre (sastre) tiene forma de un
pequeño cono trunco hueco y abierto en ambos extremos, mientras que el dedal
para mujer está cubierta en su parte más angosta, interiormente es liso
y exteriormente tiene pequeños dibujos; es ahí donde se apoya la
parte inferior de la aguja cuando se coce, evitando así el riesgo de lastimarse
con el reiterado contacto.
El dedal se coloca en el dedo medio de la mano
derecha y sirve para empujar la aguja, en cada puntada, permitiendo ejercer
presionar sin pincharse, usando la fuerza necesaria.
La leyenda dice que el dedal, tal como se conoce
actualmente, fue la obra de un joyero de Ámsterdam, Nicolás Van Beuschooten,
quien el 19 de octubre de 1648, fabricó y regaló uno a la señora Van Reusselar en
ocasión de su cumpleaños, una carta acompañaba el presente, y en ella el joyero
suplicaba a la dama aceptar ese homenaje para protección de sus dedos, a pesar
de su reconocida habilidad en manejar las agujas.
Entre la descripción de todas las profesiones,
desde las más humildes hasta las más valiosas un lugar está reservado al
fabricante de dedales rodeado de sus aprendices.
En el año 1531, en Nuremberg,
se fabricaban dedales que luego se vendían en todo el territorio bávaro. En esa
ciudad como también en Ámsterdam y en Colonia, los dedales se fabricaban a mano,
pero en el año 1696 se inventó una maquina para su fabricación en serie y
precios relativamente bajos.
HASTA LA PRÓXIMA
Enzo A. Molino |