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EDUCANDO PARA LA
SALUD
EDUCACIÓN EN
VALORES
La convivencia
escolar:
un compromiso de todos.
Convivir significa “vivir con”, esto implica
aprender a vivir con otras personas en un marco de respeto mutuo.
La convivencia se aprende, esto significa
reconocer y valorar los derechos y deberes propios como los del otro.
Para lograr una convivencia armónica hay que ser
capaz de ponerse en el lugar del otro, respetar las diferencias, resolver
pacíficamente los conflictos, respetar los derechos de los demás.
En la convivencia se ponen en juego las
habilidades sociales del ser humano. Para comprender y aceptar las reglas que
regulan el funcionamiento de un grupo y para poder hacerlo de manera adecuada
dentro de él, es necesario estimular desde edades tempranas el contacto social,
alentando la expresión de las propias ideas, enseñando la tolerancia y el
respeto por las diferencias.
En toda esta formación es importantísimo el rol de
padres y educadores acompañando la construcción de estas conductas en el proceso
evolutivo del niño y del adolescente.
La violencia es hoy un componente cotidiano en
nuestras vidas. Es una manifestación que ocurre en todos los niveles sociales,
económicos y culturales. Ésta se ha puesto de manifiesto también en las
instituciones.
Por más alto que sean sus muros, la violencia de
nuestras calles, de nuestras casas, de nuestros diarios y televisores, termina
por traspasar los patios y las salas de clases de nuestros colegios. Esta
agresividad latente no es ni nueva, ni aislada, sino que es parte de la
estructura de nuestra convivencia social.
Debemos enfrentar una problemática que aumenta día
a día. Enfrentarla significa reconocerla, analizarla y actuar sobre ella, ésta
es una manera de trabajar en prevención.
El problema debe ser tomado sin dramatismo, pero
con firmeza y en toda su magnitud.
Debemos evitar el miedo y la angustia que la
violencia produce para no caer en la impotencia y actuar desde una postura
reflexiva que nos permita encarar abordajes acordes a su complejidad.
En la escuela, la conducta agresiva parece estar
relacionada con las variables afectivas y de relación familiar, como puedan ser
el rechazo de los padres, el castigo agresivo y la carencia de identificación
con los padres. Algunas víctimas crecen en la convicción de que el empleo de la
agresividad es el mejor camino para conseguir lo que quieren. El haber sido
víctima en la infancia propicia que de adulto se victimice a otros.
En los procesos de interacción en el aula debemos tener en cuenta los factores
motivacionales, el ánimo con que se afronta la tarea y los factores afectivos.
Cuando un individuo se incorpora a un grupo social
se dan dos tendencias: el deseo de dominio y el de afiliación. El fenómeno de
agresión entre iguales podría deberse a la desintegración que sufre el niño
cuando ingresa por primera vez en el medio escolar. Su mundo, el familiar, queda
relegado y aparece su deseo de ser y hacer acrecentado por la novedad y el
ambiente. Pero su deseo y actividad se encuentran con los de otros y provocan un
conflicto que se resolverá en función de su temperamento e historia personal.
Así, optará por esforzarse en prevalecer sobre el otro, se someterá a él, o bien
se aislará. De cualquier manera, le permitirá encontrar a aquel o aquellos que
lo acepten y descubrirá el placer de pertenencia.
Los docentes deben fomentar el intercambio y
debate crítico sobre el tema expuesto. Es muy importante enfatizar en la
prevención y detención. La escuela como institución tiene la obligación de
formar. Desde sus distintos roles corresponderá poner límites firmes sin caer en
el autoritarismo como así también ofrecer la posibilidad de que cada uno conozca
y defienda sus derechos y debe ofrecer las alternativas para adquirir una
capacidad crítica frente a los mensajes que recibe.
Algunas medidas de prevención para
tener en cuenta:
·
Arbitrar estrategias
para que dentro de cada colegio puedan encontrarse los medios que generen el
diálogo entre directores, maestros, estudiantes y padres.
·
Debe haber
normativas claras dentro de la Institución para generar la adhesión de todos sus
miembros.
·
El personal debe
identificar las áreas de mayor riesgo: recreos, baños, salida de la escuela,
etc.
·
Se deberá distinguir
si la violencia se manifiesta sólo en el ámbito educativo o si proviene de los
hogares de los alumnos.
·
Se evaluarán en
proceso las dificultades, fracasos y aciertos de las medidas implementadas.
Para poner fin a la violencia se requiere de la
participación activa de los hombres. La escuela debe intentar sensibilizar a
estos sectores invitándolos a participar de debates y jornadas de reflexión. Es
necesario, garantizar que los docentes hayan sido adiestrados y estén en
condiciones de enfrentarse al grave problema de que varios niños de su aula
hayan sido víctimas o testigos de violencia.
Hablar sobre la violencia, no negar, ayudar a
tener una actitud crítica y reflexiva sobre el tema, establecer alianzas con la
comunidad, fomentar la participación activa de alumnos y padres, son acciones de
prevención.
El docente en su ámbito tiene la posibilidad de
detectar y aún de prevenir situaciones de riesgo para la salud de los alumnos,
pudiendo relacionarse con el niño y su familia, favoreciendo así una mejor
inserción escolar. Pero esto es un compromiso de todos!
“Con el puño cerrado no se puede
intercambiar un apretón de manos”.
Mahatma Gandhi.
LILIANA A. COMITO
Profesora para la Enseñanza
Primaria |