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CORREO DEL LECTOR
Por Guillermo Gruben
Señor Director:
Cumplo en
hacerle llegar mis más sinceras felicitaciones por la ecuanimidad
y completa información que
transmite el diario que Ud. dirige. Los lectores encuentran cotidianamente una
vasta y detallada crónica de cuanto sucede aquí y en el mundo. La cual es
completada por una interesante variedad de secciones, tales como espectáculos,
deportes, cultura. Es sobre esta sección en particular que deseo hacer un muy
breve, ligero comentario.
Como Ud.
sabe, hace una semana salió al mercado un libro de mi autoría llamado "Detalles
en la vida de Diógenes Quesada", donde plasmo una semblanza de aquel distinguido
caballero que habitó estas tierras durante la época de la colonia. El Dr.
Ricardo García Fuentes -bajo el seudónimo de "Lexikon 80"- tuvo a bien hacer un
comentario sobre tal obra. Un gesto que agradezco profundamente. No obstante, en
esa vibrante nota, se deslizó un pequeño error que paso a salvar.
Diógenes
Quesada nació efectivamente en Andalucía, el 13 de abril de 1496 y no el 14 de
abril como sugiere el Dr. García Fuentes. Esto se encuentra documentado en la
Carta de Fé de Indias que se encuentra en el Archivo General de la Nación.
Pero no
es solamente ese detalle el que llama mi atención. Es que el Dr. García Fuentes
se permite señalar que Diógenes Quesada vino aquí a buscar indias púberes para
comerciar en Europa, desmintiendo mi tesis de que era representante de una
corporación destinada a la comercialización de especias. Aquí surge a plena luz
del día la arrogancia y el desatino cultural del Dr. García Fuentes. Nada hay
mas inexacto que aquello. Es verdad que a su muerte (producto de un infarto y no
de una cuchillada en un burdel como pretende corregirme este supuesto crítico
literario) fueron encontradas cinco indias vírgenes en su habitación, pero
solamente colaboraban en la limpieza del lugar. Incluso la que estaba desnuda a
su lado en la cama solo estaba estirando las sábanas.
Más es en
el tercer párrafo de ese abominable engendro literario que Ud. tiene la agresión
de incluir en la página supuestamente cultural de esa publicación, cuando se
revela toda la ponzoña de García Fuentes. Al que uno ya duda en llamar "doctor".
Este abyecto individuo intentó arrojar un mentís sobre el capítulo del libro en
el cual cuento que Diógenes Quesada se batió a duelo de honor con un malviviente
del lugar en procura de defender el honor de una moza. García Fuentes (que goza
de dos apellidos en su afán de recordar a los reconocidos padres que tuvo, pues
se cuenta que fueron varios quienes contribuyeron a su gestación) manifiesta que
el duelo existió en verdad, pero que fue promovido por el malviviente, pues
Diógenes Quesada se negaba a darle su parte del contrabando que habían realizado
utilizando las carabelas de Su Majestad.
Mi
querido director, ¡Bien haría usted en arrojar a las mazmorras del olvido a esa
basura que tiene de crítico literario! Tan poco original que firma "Lexikon 80",
del mismo modo que podría hacerlo como "Lettera 22" o "Remington Rand". Aunque a
esta altura de las circunstancias, señor Director, creo que usted y el infame
pasquín que dirige son cómplices mendaces de esta profanación literaria. Pues no
tiene otro nombre el hecho que pretenda aducir que Diógenes Quesada tuvo 23
hijos, fruto de relaciones non-sanctas con monjas llegadas desde la madre patria
a fin de civilizar a los indígenas locales. Es cierto que dió su apellido a 23
niños nacidos en esos años, pero se debió a su caracter bienhechor, motivo por
el cual ganó las simpatías de las integrantes de un convento cuyos fondos daban
a su casa. Las cuales criaron a los niños. Y lo recibían gozozas todas las
noches cuando saltaba la pared para verlos.
¡Las
tumultuosas aguas del Averno estarían felices de recibir a Ud., señor director,
y su crítico! En nombre de la comunidad toda, le pido que cierre esas páginas
amarillas que dirige y se dedique a hombrear bolsas en el puerto. Eso es todo lo
que Ud. y su asqueroso García Fuentes (y otros apellidos) pueden estar cerca de
la cultura. Con perdón de las bolsas.
Prof. Exequiel Zaravia
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