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NO MIS DUEÑOS, SON MIS EMPLEADORES NADA MÁS
(Callar lo que se sabe y no hacer lo correcto, es ser
cómplice por omisión)
Soy docente desde hace 34 años, han pasado por las escuelas varios
gobiernos y cada uno de ellos ha realizado diferentes modalidades para que no se
sepa la verdad, para esconder lo que está a la vista de todos. Pero siempre he
tenido en claro que, para cada uno de ellos, he sido soy y seré una empleada
pero no son mis dueños. Yo ejerzo mi trabajo con dedicación, con ganas, con amor
por lo que hago, con la esperanza de estar educando para la libertad. Cada día
en que he ejercido esta tarea: la de educar, mis objetivos han sido enseñar para
favorecer la autonomía, la reflexión, la libertad de pensamiento y de expresión,
la del respeto por el otro.
Como ciudadana y docente no necesito ni necesitaré un permiso para
hablar de las condiciones en que están las escuelas y nadie absolutamente nadie
tiene derecho a callarme, porque si lo hago soy cómplice por omisión, porque no
estaría defendiendo el derecho de todo/a alumno/a a recibir una educación de
calidad. En cuanto a “que asumen la responsabilidad para que podamos realizar
nuestra tarea pedagógica sin tanta carga”, quizás podrían hacerlo preparando y/o
capacitando como se debe a: los equipos de orientación, respetando el derecho de
toda persona a capacitarse a través del estudio en edificios adecuados y con las
herramientas necesarias para hacerlo.
Por otro lado, ¿cómo es eso de contactarse con la oficina de prensa para
ser atendido por “personal especializado”? ¿Especializado en qué? ¿En negar la
realidad? ¿En justificar lo injustificable? ¿En responder con palabras carentes
de verdad? Pues convengamos que si hubiera personal especializado, mejor dicho
capacitado, las escuelas no estarían como están. Si el señor Walter Bouzada
Martinez, subsecretario de Inclusión Escolar y Coordinación Pedagógica está tan
preocupado por resguardar a los menores, que comience a recorrer en persona las
escuelas y verá lo que en ellas sucede o mejor dicho no sucede, como por
ejemplo: techos que se caen, paredes electrificadas, baños en condiciones
deplorables, docentes dando clases en patios de otras escuelas porque en la
propia el techo se llueve, dar clases en invierno sin calefacción, etc.
¿Están preocupados por el funcionamiento de la escuela y porque cada
docente esté acompañando a sus alumnos?, es mí deseo traerles un poco de
tranquilidad en este sentido, sepan que si las escuelas continúan adelante, es
porque somos muchos los docentes que amamos este trabajo, que ejercemos con
responsabilidad y compromiso nuestra vocación. Somos muchos los docentes que
aportamos parte de nuestro salario para la compra de materiales o que arreglamos
y reparamos lo que está roto. No por las reuniones que mantienen algunas
supervisiones, para tratar temas tan importantes como el armado de una cartelera
o como confeccionar el cuaderno de comunicaciones (familia-escuela).
Se pretende que sean las cooperadoras escolares las que se hagan cargo
del mantenimiento de las mismas, cuando la realidad es que son muy pocas las
familias que pueden o quieren pagar el bono de contribución mensual.
Y por favor, ya que se preocupan tanto por los docentes y los
alumnos/as, les pediría que comiencen por conocer la realidad, que salgan de sus
despachos y recorran las escuelas, que tanto asesor dando vueltas no sirve para
nada cuando se desconoce de lo que se habla. No se dejen influenciar por el
“Imaginario Colectivo”, vengan, vean, hagan, que una obra vale más que mil
palabras.
María C Frieyro |