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¡VIVA LA RISA!
Queridos lectores:
(Y ya son queridos porque nos saludamos
por la calle con besos y abrazos)
Hoy en honor a todos esos cariños
confianzudos, quiero cometer la informalidad de escribir algo menos académico,
serio o “políticamente correcto”.
Por eso elegí la risa.
Ya sé que todos andamos bajoneados…
¿¡Quién no tiene una desgracia a
mano!?
¿Quién no tiene un amenazante
temor en puerta?
Pero también ¿Quién no escuchó – al menos
una vez – que la risa hace bien?
La psiconeuroinmunología afirma que las
emociones asociadas a la risa espontánea influyen directamente en las defensas
de las personas.
Y es así nomás: Sentimientos como la ira,
el miedo o la soledad deprimen, aumentan el dolor y desvigorizan el corazón.
Algunos especialistas se atreven a más:
cien carcajadas diarias equivalen a diez minutos de ejercicios aeróbicos.
Los que me conocen ya saben que doy tareas
para el hogar:
Compatriotas de la mueca amarga y la
expresión ceñuda…
¡ A reírse! ¡Tentate, divertite,
despeinate y descosete de la risa!
(Eso sí, no esta permitido morirse de la
risa, si no… ¿Qué sentido tendrían mis consejos?
Incursionemos en el trueque:
Cambiemos la maldita preocupación constante
por la risotada bendita.
La cosa es “casi sencilla”; a todo acceso
de mal humor deberá sucederle inapelablemente un buen pensamiento, una conexión
agradable, aunque más que realidad; sea un puro deseo, una fantasía
inalcanzable o tal vez un secreto recuerdo atesorado en el corazón.
Hagámosle un tacle a lo tremendo, y
volvámonos un poco más jocosos, burlones, socarrones y mordaces con nuestra
propia vida y con lo inexorable del devenir de los hechos; a tal punto de
entender que la ironía es la otra cara de la tragedia, el absurdo de toda
realidad cotidiana y la arista ridícula de todo bloque de seriedad que podamos
tener.
La risa es un milagro, un derecho y por
mucho, la mejor opción.
Al fin y al cabo…¿Quién dijo
que no podemos pertenecer al club de los boludos alegres?
8 CONSEJOS PARA REIR MÁS
- Aprende a
reirte de tí mismo.
- Busca el lado
humorístico en cualquier situación, actividad o circunstancia.
- Busca la
compañía de gente con humor que te hacen reir.
- Sonríe
habitualmente en cada encuentro que tengas.
- Da manos libre
al niño dentro de ti. Debemos permitirnos alguna travesura de vez en cuando.
- Intenta
recordarte de anécdotas divertidas y explícalas en cuanto tengas la
oportunidad.
- Enfoca los
problemas desde una perspectiva positiva a pesar de los serios que son.
Estimula tu sentido de humor con películas, teatro, libros o otras actividades
que te hacen reir.
Hasta la próxima
Lic. M. C. Murella |