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¿ADICTOS AL AMOR?
Un clavo saca a otro clavo.
La mancha de mora con otra verde se quita.
Son muchas las personas que se lanzan a
nuevas aventuras amorosas sin tomarse tiempo para analizar la relación anterior;
enlazando una tras otra con una continuidad ininterrumpida, teniendo
generalmente amores fallidos.
Lazos que llegan a su fin apenas se
atraviesa el período de pasión y curiosidad mutua del inicio por la poca base de
amor que existe.
En la etapa del enamoramiento que se
produce al comienzo de toda relación, las personas se sienten inmensamente
felices y plenas; vivencian emociones intensas y perciben la vida con un tono
particular.
Estos sentimientos que nos producen
placer, cambian la química de nuestro cuerpo: producimos endorfinas, una
sustancia que nos envuelve en un estado de placer emocional; y pareciera que,
por arte de magia el enamorado se vuelve más generoso, original, con ansias de
sorprender y ser sorprendido. El hecho de saber que le agradamos a otro nos
vuelve más humanos y abiertos a emociones positivas.
Por eso algunos buscan perpetuar esa
magia aún a costa de sumirse en un autoengaño; porque las relaciones de pareja
atraviesan diferentes etapas y tenerlo en cuenta como parte de la evolución del
amor nos hace crecer, dentro de un marco de mayor objetividad y sensatez.
La pasión primera surge entre dos
personas que se han idealizado mutuamente; pero este momento idílico tiene fecha
de vencimiento: el momento en que ambos integrantes de la pareja comienzan a
delimitarse en su individualidad, forma de pensar y obrar, y a definir
comportamientos cotidianos y proyectos. Pero por sobre todas las cosas, la
aceptación de que el partener de la relación no puede cubrir todos nuestros
anhelos, ni compensar todas nuestras carencias, como tampoco ayudarnos a huir de
nuestros problemas personales, sin tener la valentía de resolverlos por cuenta
propia.
Socialmente, estamos conminados a estar
en pareja, como si ello fuera imprescindible para ser feliz.
Culturalmente somos percibidos como
seres incompletos, aquello de “mi media naranja”sugiere falsamente cierto grado
de incompletad, lo que lleva a veces a algunas personas a mantener relaciones
poco felices o perjudiciales, por miedo a la soledad.
De hecho, muchas personas sólo son
capaces de terminar una relación cuando tienen la certeza de poder comenzar
otra.
La etapa de estar sin pareja, puede ser
un momento muy propicio para analizar y aprender de los errores, conocer las
propias necesidades, establecer las propias metas; en síntesis:
responsabilizarse de la propia vida, sin esperar que alguien de afuera le dé
sentido.
Definiendo las autoafirmaciones,
conoceremos nuestras necesidades y nuestros miedos; lo que nos hace bien y lo
que no podemos tolerar.
A veces es necesario trabajar tiempo
extra, para que “la soltería” sea una época de enriquecimiento personal, pues no
podemos naturalmente brindarnos a nosotros mismos cariño, ni desarrollarnos
autosuficientemente para disfrutar de la libertad individual con inteligencia.
Nunca lo
olvides!! Quien se siente independiente, hace posible relaciones más creativas,
menos monótonas y aburridas.
Hasta la próxima
Lic. M. C. Murella |